23 may. 2017

RUTA DEL EBRO

Cronica de Antonio Iglesias:

Ya habíamos intentado realizar esta ruta el año anterior, pero la meteorología nos jugó una mala pasada y terminamos yéndonos a la playa. Pero como suele pasar, se nos quedó en tareas pendientes, y a la primera oportunidad, volvimos a intentarlo.

Tampoco es que esta vez la meteo fuera una cosa.... , que a mediados de febrero hay cierta inestabilidad inherente al mes, el solete calienta a base de bien los días claros y las térmicas comienzan a hacer tímidamente aparición. No obstante, este año estábamos con ganas, que la viento en cola nos supo a poco (incluso a los que volaron), y apetecía darse otro homenaje.

La ruta era ambiciosa: 120 Km entre Fontibre y San martín de Don, siguiendo al río Ebro entre embalses, meandros, cortados, acantilados, cerradas, bosques, sembrados y prados. todo un lujo por uno de los parajes más sugerentes de nuestra geografía.

El convoy esta vez estaba compuesto por una furgoneta grande (la de Romi) y una pequeña: la mía. Como conductores iría Sara conduciendo mi furgo y uno de los pilotos que debería conducir la de Romina. Ya el año anterior habíamos localizado un par de posibles despegues cerca de Fontibre, así que no necesitábamos irnos pronto. Con llegar para la hora de la cena era suficiente. Quedamos en casa de Paco después de comer para organizar los trastos en las dos furgonetas, que dada la cantidad de voladores, costó lo suyo. Iríamos Romi, Paco, Carlos y Richi a pie y Víctor y yo en carrito. Resumiendo: 7 personas, 5 paramotores + 5 palas + engendrus + dos carritos + 6 velas, + ropa y efectos personales.

Llegamos como estaba previsto a última hora de la tarde a Reinosa, donde nos quedaríamos esa noche, Soltamos nuestros efectos personales en el hotel (que también teníamos localizado) y nos fuimos al pueblo. Aparcamos las furgos y nos pusimos a buscar dónde cenar, y en ese camino fué donde se despejó la incógnita de quién conduciría la furgo grande al día siguiente.

Es difícil describir ese momento; haber tenido una foto o una grabación del sonido hubiera ayudado mucho. Pero nos quedamos todos tan petrificados que no dio tiempo de nada. La figura que describiría más el momento sería un "palmface". El caso es que Víctor de pronto soltó un sonoro y absolutamente genuino ¡¡noooooooo!! que es imposible describir con palabras: ....Se había dejado la pala de su motor en venturada.... (lo cual ya habréis adivinado si hubiérais echado cuentas cuando cargamos la furgoneta)

Como os podéis imaginar el pitorreo del resto fué descomunal, de acuerdo al tamaño del olvido. Pero en fin, tampoco vamos a ahondar más en la herida, y de paso habíamos solucionado uno de los problemas, que era decidir quién conduciría la furgoneta grande

La cena, dormir, desayuno los paso rápido, que tampoco tienen mucho que contar. El caso es que con las primeras luces del día estábamos de nuevo en las furgonetas, camino del punto de despegue en Fontibre. Allí habíamos localizado el año anterior una colina con todas las orientaciones que nos permitiría despegar cualquiera que fuera la dirección del viento.
La manaña se había levantando bastante fría, con escarcha pero con poco viento. Apenas soplaba muy levemente de Norte, lo cual no ayudaría para los despegues a pié por lo leve, ni para el despegue en carrito por ser viento en cola.

Paco y Carlos despegaron los primeros, yo después (dando botes con el carro colina abajo, añadiría) y Richi al poco. Romina desistió agotada después de varios intentos abortados, así que los que ya estábamos en el aire comenzamos a tirar.

Al contrario que a nivel del suelo, arriba soplaba de sur suavemente. Al este, en la dirección del primer tramo nuestra ruta, el embalse del Ebro se veía con niebla. Sin embargo, un poco más al sur, por donde desagua el río se veía despejado. Decidimos recortar por la hipotenusa hasta encontrar de nuevo al río por Bárcena de Ebro. Seguimos valle abajo y giramos de nuevo al este por Cubillo de Ebro. A partir de ahí nos volvimos a encontrar con la niebla, que al principio cubría tímidamente el fondo del valle, pero que a medida que avanzábamos se iba espesando hasta cubrirlo completamente.
No nos quedó más remedio que avanzar por las orillas.

La niebla se levantó de nuevo cuando íbamos por Valdelateja, nos habíamos perdido muchos de los meandros del río. Seguimos por Pesquera de Ebro, Colina, pasando por unos cortados impresionantes, Tudanca, Cidad de Ebro. A esas alturas, llevábamos casi dos horas de vuelo, la vejiga llevaba un rato quejándose (y no solo la mía, por mucho que el resto no dijera nada...), y el viento del sur había ido subiendo aunque con la altitud llevábamos no se notara mucho.

Un poco más adelante, en Manzanedo yo decidí aterrizar, ya no aguantaba más. Les dije al resto que yo aterrizaba allí. Busqué un campo de donde se pudiera volver a despegar por si ellos se animaban a seguir la ruta despues de repostar. Al final decidieron también aterrizar.

Yo ya tenía claro que para mí la ruta se acababa allí, entre lo que tardáramos en repostar (teníamos que esperar al equipo de tierra) y que el viento del sur seguiría subiendo, preveía que se iba a poner muy movido para mi gusto.

Avisé al equipo de tierra de nuestra posición, todavía estaban relativamente lejos y un poco despistados de por donde venir, pero aún así tardaron relativamente poco en aparecer. Paco, Carlos y Richi habían decidido que intentarían seguir la ruta. Debatieron un poco cómo despegar y estaban preparando el equipo. En cuanto llegaron Sara, Romi y Víctor, cargaron gasolina y se fueron al aire. Yo recogí y cargué lo más rápido que pude para que no nos fueran a dejar muy atrás.

No tardaron mucho en aterrizar. como había previsto, el viento de sur, unido a lo tardío de la hora, había convertido una apacible y fría mañana en una batidora. A Carlos le recogimos cerca de Villalaín a unos 9 Km de donde habían despegado. Paco y Richi aguantaron un poco más, aunque no mucho, sólo uno o dos Km.

No queda mucho que contar, recogimos a todos y comenzamos la vuelta cruzando hasta Burgos por el páramo de Masa. Paramos a comer, bastante bien, por cierto cerca de Burgos, y desde allí del tirón hasta Venturada.

Ahí se acabó la aventura, Habíamos volado unos 70 Km de los 120 previstos entre paisajes estupendos y niebla . Esta vez no pudimos acabar la ruta, pero nos quedamos con muy buen sabor de boca, y ganas de completarla. Estoy seguro que lo volveremos a intentar.



Antonio Iglesias.

No hay comentarios: